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El que no llora no mama…

9 octubre 2009

Así comienza esa célebre frase del famoso tango, el resto de la misma está a mi entender en discusión y como no es el motivo de mi intervención actual lo conversaremos en otra oportunidad.

En general el empleado parte de la premisa de que cumpliendo con sus obligaciones y las expectativas que le empresa tiene de él, seguramente el reconocimiento llegará sin previo aviso o negociación. Eso debería funcionar así, pero como suele suceder lo que debe ser no siempre es.

Como empleados habitualmente dejamos pasar mucho tiempo esperando que el reconocimiento llegue sin tener que intervenir para ello. Que no me gusta pedir, no quiero molestar, que a lo mejor no está bien visto que hable de mi reconocimiento, en fin muchas excusas para no hablar. Excusas que seguramente se fundamentan en un temor conciente o no a realizar algún tipo de planteamiento.

No nos debería suceder esto, ya que el tiempo que dejamos pasar por lo general no cuenta y es tiempo perdido. Tiempo que perdimos de haber mejorado nuestra situación en la empresa, de mejores ingresos, de ascender en la organización. O tal vez perdimos tiempo de gestionar algún tipo de cambio porque nos damos cuenta que donde estamos no somos valorados.

Considero que el único riesgo de hablar con el superior para revisar nuestra situación es obtener un cambio que siempre será positivo.

Qué puede suceder?

Ante el planteo, el Jefe o la Jefa, va a responder algo que debemos decodificar de manera correcta para tomar decisiones acertadas. En caso de que estén de acuerdo en que nos merecemos una mejora, el paso siguiente es hablar de cual sería la mejora y en que momento se puede dar, es decir fijar plazos al cumplimiento de las promesas. Ya queda fijada la próxima charla.

Otra cosa que puede suceder es que con franqueza nos digan que no están conformes con nosotros y por lo tanto esto se transforma en una oportunidad para revisar nuestro desempeño para intentar las mejoras que reviertan la situación. Nuevamente podemos fijar plazos para volver a hablar y en esa oportunidad obtener una evaluación de lo actuado.

También podemos recibir palmadas en la espalda junto con excusas de que la empresa no está en un momento de expansión y por lo tanto las mejoras están supeditadas a esto. Bien, nos queda la tarea de evaluar si esto es cierto, y en caso de serlo habría que pensar si nos conviene seguir allí o cambiar por otro trabajo con mejores perspectivas.

Peor situación es aquella en la que nos damos cuenta de que no nos tienen registrados. No saben que hacemos (ni hablar de si lo hacemos bien, mal o regular), cuanto ganamos, que cargo tenemos, que edad y que perspectivas tenemos. Esto se da mucho. Los Jefes están muy ocupados con lo suyo como para saber como se encuentra su personal.

Como sea, hablar con los superiores es lo que nos despejará muchas dudas. El riesgo? ya lo dijimos: mejorar.

Callar dificilmente hará que lo esperado llegue. Bien por aquellas empresas que tienen armada su estructura de premios en la que los empleados no se tienen que distraer de su tarea. Me gustaría trabajar en alguna de ellas. Quizás el plural sea algo exagerado.

Mientras tanto, la sugerencia es como dice el tango: “..El que no llora no mama…”

oneyeblind


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